‘Eternal Sunshine of a Spotless Mind’ trata la historia de Joel y Clementine, una pareja que se conoce por razones al azar, se enamora, se encasilla en su relación y deciden terminar borrándose de los recuerdos del uno y el otro. Sin embargo no es la primera vez que ocurre, y durante el proceso del segundo borrado vemos la historia de su enamoramiento, los peligros del borrado de memoria y la razón por la que estamos destinados a repetir los mismos errores.

La película dirigida por Michel Gondry y escrita por Charlie Kaufman nos presenta otro de esos mundos del ‘qué ocurriría si’ que Kaufman ha escrito (como ‘Being John Malkovich’), pero esta vez acompañado por la asombrosa imaginación de Gondry. Esta mezcla le ganó un Óscar a Kaufman y otros 67 premios en festivales internacionales a la película.

“Why do I fall in love with every woman I see who shows me the least bit of attention?”

Lo mejor de la película, en mi opinión, es el estilo estético que Gondry aplica plano a plano. Mezcla de manera perfecta colores llamativos que nos guían la mirada a los protagonistas y sus elementos característicos, la composición de los cuadros hacen que queramos sacar capturas de cada plano y el ambiente mantiene siempre esa frialdad que nos hace sentir la tristeza del personaje que va olvidando poco a poco. El trabajo a nivel de arte también es impresionante, como la cocina gigante que armaron para hacer ver a Jim Carrey muy pequeño. Todo siempre muy Gondry.

Por el lado de la historia, el planteamiento es muy interesante: ¿si borraran de nuestra mente alguien que amábamos, volveríamos a amar a la persona? Kaufman lo pone en esencia como un sí, pero no un sí cualquiera. La condición para que la historia se repita es darse cuenta que amamos tanto a la otra persona, que en realidad no queríamos olvidarla. Así que dejamos una pista escondida en el subconsciente para poder volver al punto de partida. Mientras tanto, juega con nosotros los espectadores para mostrarnos en retroceso ese proceso de ruptura. Si comenzamos borrando lo malo, solo tendremos al final los momentos buenos, y como espectadores aprenderemos a amar ese romance y querer salvarlo.

eternalsunshine
I’m erasing you and I’m happy.

Ahora, en cuanto a lo malo, las subtramas son un relleno poco convincente. El rol de Elijah Wood como el fracasado que intenta robar la historia de Joel para salir con Clementine no convence lo suficiente, porque en el amor no solo es repetir una serie de patrones, hay otra química entre Joel y Clementine que muestran que no hay con el personaje de Wood. Y el amorío entre el doctor y la secretaria es muy repentino, inesperado y sacado como un Deus Ex Machina, para que la historia no terminara en que darían una tercera vuelta de esta relación fracasada (y probablemente seguiría yendo en la misma dirección por siempre).

“Adults are, like, this mess of sadness and phobias.”

La consigna general de esta categoría era una película que amara y ahora odie, pero si amé una película en el pasado no creo que pueda odiarla ahora. Pensé en muchas, desde comedias bobas como ‘American Pie’ y ‘Scream’, pelis de acción que amaba como ‘Lost in Space’ y ‘Armageddon’ y así. Pero a ninguna la odio actualmente. Así que agarré una película a l que sabía que le había perdido ese cariño de verla por primera vez.

‘Eternal Sunshine of a Spotless Mind’ debió haberme volado la mente en 2006 cuando la ví por primera vez. Era un adolescente que sufría por los malos recuerdos, así que la idea de que me los borraran me parecía fascinante. Era un enamoradizo que al igual que Joel se enamora con cualquier chica que le preste un poco de atención (eso probablemente sigue pero no en las mísmas proporciones). Y Clementine es el tipo de chica que me gustan, impulsivas, alegres a la vista, con el pelo de algún color raro y que tienen ese look rebelde. En su momento, la película tenía todo lo que me podía impresionar como adolescente.

Sin embargo, han quemado tanto la película con sus citas, que perdí el amor a ella. Como cuando a uno le gusta un plato de comida, pero entra en una racha de comer lo mismo día tras día, hasta que ya no sabe a nada. Así me pasó con la película de Gondry, a medida que fui creciendo y metiéndome más en el cine, mucha gente me mencionó sus genialidades y me citó sus frases al punto de aburrirme de ella. Ahora es solo eso, un plato sin sabor del que tengo buenos recuerdos de la adolescencia.

Imagen: Captura de pantalla ‘Eternal Sunshine of a Spotless Mind’

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