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Bienvenidos lectores. En este nuevo blog tengo pensado hablar sobre lo que pienso sobre el cine, los descubrimientos que se encuentran viendo nuevas y viejas películas, lo que encuentro que es el sentido de nuestra generación del cine basado en su historia (que sigue moviéndonos con nuevas narraciones semana a semana) y alguna que otra recomendación de películas que considere interesantes para poder discutir de ellas con ustedes en un futuro.

Por ello, como un primer ejercicio, quiero compartir mi visión sobre el campo que amo y me tiene anclado a este mundo: la cinematografía o, como otros prefieren describirlo, la dirección de fotografía en el cine. Así fue que me enamoré del cine.

El azar

Mi inicio en el cine tiene dos películas claves: ‘Matchpoint’, de Woody Allen, cuya escena inicial me dejó impresionado y deseando saber de qué lado de la red caería la bola de mi suerte. La segunda es ‘Harry Potter: And the Philosopher’s Stone’, desde aquel momento en que vi la magia hecha realidad en la pantalla siempre quise vivir en ese mundo donde las personas trabajan para crear esa pequeña ventana temporal que trae la fantasía a este mundo. Sin embargo, al comenzar a estudiar cine, me encontré con todo un mar de campos y oficios que regulan el cine desde su etapa de preproducción, hasta los toques finales en post.

Fue gracias a cierto ejercicio de la clase de historia del cine, en el que sacamos el nombre de un director al azar para investigar su ‘estilo’, que mi vida y mi pasión tomarían un rumbo certero. La pelota cayó y el nombre de Wong Kar Wai apareció en mis manos. Y, como abre bocas en lo que sería después mi obsesión por el cine asiático y a la cinematografía, mis primeras películas fueron ‘Fallen Angels’ e ‘In the Mood for Love’.

Y así fue que Wong Kar Wai y su cine de ‘relaciones’ entró a mi vida. En general, si miran ‘In the Mood for Love’, ‘2046’, ‘Happy Together’, ‘My Blueberry Nights’, ‘Fallen Angels’ y demás, encontrarán que el cine de Wong Kar Wai siempre trata de mostrar los deseos de uno o varios personajes frente a otros, siempre con reflexiones sobre el por qué son viables o no las relaciones que tienen entre ellos (sexuales, sentimentales, sociales). A su vez todos ellos pasan por un sello de prohibición que no permite que puedan estar juntos: el amor no correspondido, que en algunas ocasiones puede ser roto, otras no. Sin embargo, lo que algunos directores dejan en palabras o acciones concretas dentro del guión, Wong Kar Wai lo resalta en la imagen, específicamente en planos indirectos. Planos que enmarcan los personajes, que los separan el uno del otro en una misma toma, que los refleja porque no podemos (o no debemos) verlos directamente a los ojos y que nos terminan de recordar que somos espectadores que no podemos hacer nada por las relaciones de estos personajes. Y para lograrlo, Wong Kar Wai se apoyó en varias de estas cintas en los ojos de Christopher Doyle, el director de fotografía que acompañó al director asiático durante aproximadamente más de la mitad de sus producciones dirigidas.

Ciudad Electrica

Para comenzar a hablar de Doyle y su ciudad eléctrica primero me gustaría mostrarles este segmento de ‘Fallen Angels’:

Desde el comienzo de esta escena nos vemos alejados del personaje, primero con la óptica (los lentes) gran angular que utiliza el director, cómo si fuera una cámara espía. Luego nos movemos a otro interior donde la mayoría del tiempo vemos a esta mujer a través de un espejo, con la imagen distorsionada de un doble reflejo, o una línea clara que nos separa a nosotros, e incluso después de que nos deja entrar en un momento muy íntimo de la mujer, termina separandonos al cerrar la escena con un plano en reflejo. Todas estas son decisiones tomadas entre Kar Wai y Doyle para cumplir con el propósito de mostrarnos la separación del personaje y el hombre que ama, y a su vez separarnos a nosotros, el público, para que el momento de la masturbación de la mujer se sienta intrusivo de nuestra parte.

Estas decisiones las verán mucho en las películas de Wong Kar Wai. Pero, otro de los elementos importantes de la participación de Doyle en el cine del director asiático es la forma en que captura el exterior. Sus películas están llenas de colores que mezclan la calidez del tungsteno con el frio y electrizante color del neón. Esto es algo muy importante para Doyle, quien al llegar a ese mundo de neón que era Hong Kong en su momento, encontró la oportunidad perfecta para mostrar esa luz que representa la energía de la ciudad, del movimiento, de la calle, de los encuentros, de las relaciones. Algo que pueden ver desde las propias palabras de Doyle en este pequeño documental.

Pero más allá de ese aspecto técnico del propósito de la luz para los filmes, la importancia del neón para mí, como cineasta, como fotógrafo, como espectador y como amante de la luz, es que fueron esos colores, ese neón y ese uso intrigante de los reflejos el que me llevó a enamorarme de la cinematografía, de entender a contar a través del plano. Recomiendo que vean esas primeras películas de la época de neón y relaciones complicadas. Espero les logren despertar una chispa como la que me despertó a mi.

Imagen: Fotograma de ‘Fallen Angels’, por Wong Kar Wai

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